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Bitácora monomaniaca II. Apuntes de un dandi del tercer mundo.

kctCan music save your mortal soul? / And can you teach me how to dance real slow?

por Esteban Cisneros

Publicado originalmente en el Fanzine del Cerdo Violeta, No. 6 (Music Is My Occupation), León, México, septiembre de 2014.

http://cerdovioletafanzine.blogspot.com/

I

Un hito: The Adverts, con su bajista Gaye Black maquillada como un oso panda, tocan junto a The Jam en marzo de 1977.

Año especial en la mitología pop. La mecha encendida un año antes en el CBGB de Nueva York explota con rabia en el Roxy de la calle Neal, Londres. Algunos nombres, no todos: Generation X, Siouxsie and the Banshees, The Clash, UK Subs, The Buzzcocks, Sham 69, The Stranglers, Wire, The Damned.

The Adverts. Gaye Black como anomalía en el universo de los hombres. Tez pálida, botines Doc Martens, tejanos ajustados, chaqueta de cuero sucia y rasgada. Pronto las calles están repletas de chicas con maquillaje panda y cabello corto. Patti Smith y Tina Weymouth llegan antes pero Gaye Black lleva la pinta completa al límite. Le acompañan Siouxsie Sioux, Poly Styrene y Ari Up. Trazo una línea directa hasta Honey Lantree, Shangri-La’s, The Vandellas, The Shaggs. Que no nos engañen: fueron las chicas las que crearon el pop. Gracias.

Más nombres: Lydia Lunch, Exene Cervenka, Debbie Harry, Kim Gordon. Luego, Riot Grrrl. Bikini Kill, L7, Sleater-Kinney, The Butchies, Calamity Jane. Me olvido de muchos nombres, me hago viejo.

II

Un hito: la revista británica NME (my enemy!) lanza un cassette recopilatorio llamado C-86 como regalo a sus lectores en 1986.

Revolución. Guitarras discordantes, melodías mod, folk rock. No es nostalgia: los 80 heredan el rock de estadio y los caprichos de los 70 y siempre hay un inquieto que no quiere dejarse. ¿Y los hidalgos que salvan el mundo con sus guitarras? Primal Scream, The Pastels, The Wedding Present, McCarthy, The Mighty Lemon Drops, The Soup Dragons, Stump, Close Lobsters, The Mackenzies, Miaow, Half Man Half Biscuit, The Bodines, The Wolfhounds, Age of Chance, Fuzzbox, Close Lobsters. Underachievers dicen algunos. Qué estúpidos algunos.

Hijos espurios que construyen universos mucho más emocionantes. The Pastels, por ejemplo, que dan sentido a muchas vidas suburbanas perdidas. ¿Twee? ¿Indie? Hazlo-Tú-Mismo, pop-art, peinados de hongo, jerseys de cuello alto. Sarah Records, 1987: Heavenly, The Field Mice, St. Christopher, Another Sunny Day, The Sweetest Ache, Tallulah Gosh. Ya divago. The Orchids, The Sea Urchins, St. Christopher, The Wake, The Springfields, The Poppyheads, The Golden Dawn, Christine’s Cat, Even As We Speak, The Sugargliders.

Muchas cosas en nuestro pasado, mi pasado, comienzan con una cinta. Un cassette. Pero la idea ya está ahí, girando. Y seguirá, mientras en el mundo haya gente que se sienta diferente.

III

Un hito: Walk Like an Egyptian de The Bangles llega al número uno en 1986.

Veinte años antes, la costa oeste de Estados Unidos es uno de los lugares más excitantes del planeta. Jan & Dean, Beach Boys, tú te los sabes. Pero los 80 no pintan bien: rock greñudo y con poca alma, glam posero, new wave reciclado. Los rijosos salen de la cloaca silbando los sonidos de la vieja California. Llevan una filosa pinta mod. Se cuelgan guitarras y se ponen a hacer música. No se parecen entre sí, pero tienen un espíritu común.

Michael Quercio dice “Paisley Underground” en una ocurrencia y el término pega. Es catchy. Es pop. Cachemira, amibas, paramecios. “Aquí estamos y en cuanto levanten la tapadera los insectos saldremos de las cloacas.” El Paisley Underground era un movimiento de camaradas que compartían visión y escenario. Y que tomaban discos viejos para construirse un mundo propio a la medida. Los Byrds, VU, Neil Young, Gram Parsons, sunshine pop, freakbeat. La radio universitaria los acoge. Comienzan a rodar por California y sus alrededores para quien quiera escucharles.

Más nombres: The Three O’Clock, Dream Syndicate, The Rain Parade, Green On Red, Long Ryders, Redd Kross, Pandoras, las Bangles. Y ese paso de baile. True West, Thin White Rope, Plimsouls. The Steppes. The Last.

IV

Un hito: Spike Lee estrena Do The Right Thing e inaugura los 90 aunque es apenas 1989.

Un año antes suceden It Takes a Nation of Millions de Public Enemy y 3 Feet High and Rising de De La Soul. Si no se puede bailar, para qué la revolución. Y si no se puede la revolución, para qué bailar. Lionel Ritchie, hazte a un jodido lado: eres como si James Brown nunca hubiese ocurrido.

3 Feet High and Rising es el Sargento Pimienta del hip-hop, sólo que mucho mejor. Mucho. Comienza la DAISY Age del hip-hop, aludiendo al sonido interior de un pueblo que construyó con sus manos un continente al que luego no tuvo derecho. Música inmaculada para oídos inquietos. Y luego A Tribe Called Quest, Black Sheep, Boogie Down Productions, Main Source, Beatnuts, Jungle Brothers, Freestyle Fellowship.

No habían pasado ni tres años de la DAISY age y de Do The Right Thing cuando se desataron en los Ángeles los disturbios Rodney King. Puto mundo.

V

Un hito: Ue o Muite Arukó de Kyu Sakamoto llega al primer lugar de las listas pop de Estados Unidos. Es la primera vez (y será la única) que una canción japonesa logra tal honor. El título original se traduce como “Camino con la cabeza alta” pero los norteamericanos la bautizan como Sukiyaki.

Enka. Qué maravilla. Nacida como una seguidilla de canciones de protesta en el siglo XIX, la enka evoluciona y se adapta a los tiempos en una de las historias más interesantes de toda la música moderna.

1868: llega al poder el emperador Menji. La única manera de hacerle frente es con música: se escriben letras furiosas y se les acompaña con instrumentos tradicionales, y melodías suaves un contraste que define la belleza. Enka significa “canción discurso.” Ya en el XX se junta con el jazz y otros sonidos modernos.

Años 40. La posguerra. Hibari Misora es espectacular, Hachiro Kasuga es exitosísimo. Pero una década después, intentando superar el trauma de las grandes explosiones, surge toda una generación de grandísimos compositores y cantantes. Por si fuese poco, el rock and roll invadió el mundo y Japón, a pesar de todo, absorbió su influencia. El folk y la canción tradicional se encuentran con los nuevos ritmos y la enka llega a su punto más alto en popularidad y creatividad.

Hideo Murata es más popular que los Beatles en Japón. Yukio Hashi, Saburo Kitajima, Shinichi Mori y Harumi Miyako. Hibari Misora es la reina de la canción y Mina Aoe canta el blues. Y, claro, Kyu Sakamoto, que muere trágicamente en el verano de 1985 en el vuelo 123 de Japan Airlines. En décadas posteriores los circuitos de nostalgia siguen dando de sí, surgen nuevos cantantes y el revival de viejas canciones en películas y series de anime mantiene vivo a la enka. Las cosas bellas son para siempre. Espero.

C/S.

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