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“Éramos bien libres, ¡nos valía madres todo!” Una conversación con Jorge Aguilera, de los Free Minds. PARTE 2.

ENTREVISTA 19 cut

Publicada originalmente el El Heraldo de León el 12 de diciembre de 2014.

Si eres de León, tienes que saber de los Free Minds. Fueron el grupo local más exitoso de los años 70. Escribieron material original, tenían un sonido macizo y conocieron buena parte del país; no fueron gigantescos, pero debieron serlo. En eso están, en realidad. Hoy son, tal vez, más populares que en aquella época, aunque nadie es profeta en su tierra: los Free Minds se escuchan en todo el mundo y cuatro de sus canciones (recopiladas en el disco Psychedelic Rock Mexican lanzado en 2006) se venden en 28 países, cosa que pocos grupos mexicanos pueden presumir. Orgullo local, ¿o no? Es hora de reivindicar a estos locos, que si nosotros no miramos atrás a nuestra historia para afrontar el futuro, nadie lo hará.

Jorge Aguilera fue, junto a Ernesto Ontiveros y Jesús Pérez “El Jali”, parte de este power-trio. Platiqué con él. Fue una charla extensa y cálida con un tipo que no vive del pasado aunque lo recuerda con cariño. Un crack, les digo. Aquí la segunda parte de esta conversación.

¿Cómo empezaron los Free Minds?
Yo ya estaba en segundo o tercero de Medicina. ¡Y ya estaba hasta la madre! Fue un tiempo difícil, aunque estaba enamorado de la vida. Me salí de estudiar, me tuve que salir. Y me fui con la Comparsa, de San Luis Potosí, porque necesitaban un cantante. Me fui con ellos un año y conocí media República Mexicana. ¡Me di una desilusión de León! Tú piensas que León es lo máximo pero no: vi unos salones de baile hermosos en Torreón, en Saltillo, en Chihuahua. León era lo más garra, la verdad. ¡Y no ha dejado de ser bicicletero y grupero, León, después de tantos años! Salones de fiestas como aquellos que vi, nunca. ¡No parábamos! Y aguanté un año con ellos. A mí me contrataron para cantar rock, pero luego me pusieron a mover el chunde y a cantar guapachoso. ¡Y me fui! Estábamos en la Huasteca y me les pelé. Regresé a León.

Ya acá, Ernesto Ontiveros me contactó, porque quería tocar rock. Juntamos a Toño Trueba en el bajo y a un tecladista bien loco, que corrimos luego. Toño, niño güero, guapito, se salió porque sus papás querían que estudiara y entró Jesús Pérez “El Jali.” Agarramos la onda pronto. Jali tenía su equipo, su bajo Höhner como el de Paul McCartney (lo fue a comprar a Estados Unidos) y lo juntamos. Y de tocar en puras fiestas de niñitos ricos, el grupo empezó a hacerse popular. Comenzaron a contratarnos en todo el Bajío. Tocamos en Celaya, Irapuato, San Miguel, Querétaro, Guadalajara. Y en León, sobre todo, en fiestas en el Club de Leones, en el Rotario, en casas de los niños ricos, en posadas en el Club Campestre. En Aguascalientes alternamos con Los Spiders, con La Revolución de Emiliano Zapata y con La Fachada de Piedra. Y no es por presumir, pero se las poníamos bien perra: teníamos carisma y música original.

En ese tiempo hubo una apertura muy grande. Los grupos, sobre todo los del norte, comenzaron a grabar original en inglés. Y los medios eran más abiertos. Pero el mismo gobierno nunca pensó que habría una demanda tan brutal por la música, los chavos estaban entusiasmados. Y cuando se hizo lo de Avándaro se acabó todo.

¿Cómo fue lo de los Free Minds y Avándaro?
Cuando salió el disco, de hecho se llamó Los Free Minds en Avándaro, porque Orfeón nos iba a llevar. Iba a ser un evento de carreras de coches e iban a tocar tres o cuatro grupos y nos propusieron. Nos ofrecieron viáticos y todo. No nos mandaron nada. Y en ese tiempo teníamos muchas tocadas. Pensamos que serían sólo las carreras, ¿y a qué íbamos a ir? ¡Nos quedamos porque teníamos muchos contratos! Ya luego en las páginas de Internet inventaron que se nos descompuso el coche. ¡Eso no es cierto! ¡Ni fuimos! No teníamos la menor intención de acudir… ¡y a la mera hora fue un desmadre! Qué bueno que no fuimos. Ahí, en Avándaro, se acabó el rock. El gobierno prohibió la promoción del rock.

Hay cuatro canciones de los Free Minds que se grabaron, pero no vieron la luz en su época. ¿Se debió a esta prohibición?
¡Estaban gruesísimas para ese tiempo! El director artístico de ese tiempo, un tal Sr. Ceballos, nos dijo que tocábamos bien chingón. Ahí sí pude doblar las guitarras, las voces, le metimos percusiones, guitarra acústica… ¡Quedaron brutales y nunca salieron! Yo ni me acordaba de ellas. Fue una época difícil de mi vida porque un éxito tan grande, aunque fuese en provincia, trae como consecuencia mucho de todo. Y cuando estás chavo no sabes manejar ese alud de cosas. Cuando fueron las posadas en el Campestre, ¡aquí en León fue el acabose! Se embarazaron como diez chavas que se iban al hoyo 18 del campo de golf. ¡Se prendían con la música! Y el grupo fue un exitazo, aunque no podían entrar todos, nomás los bonitos (¡es el Campestre!)

¡Y ese nombre! ¡Los Free Minds!
¡Éramos bien libres, nos valía madres todo!

¿Hay algún dato de cuántas copias del EP se vendieron?
No. Ellos nunca te dicen nada. ¡Y no nos dieron un cinco! Nos prometían un dinero que tenían allá en el D.F. y teníamos que ir…

5 baja

¿Qué pasó después con los Free Minds?
Los Free Minds se acabaron porque yo caí en cama. ¡Era demasiado! Como ya había estado en la escuela de medicina, mis profesores me ayudaron y me trataron gratis. Mucha gente me ayudó. Me dio un absceso hepático. En ese tiempo te daban emetina, que es una droga perrísima. ¡No podía ni caminar! Me tenían que poner diez dosis. Y ahora con dos pastillas te alivias de una amibiasis. Estuve en cama dos o tres meses, adelgacé como cuarenta kilos de un golpe. ¡Ya me iba a morir! Me levanté hecho una calaca. Pinche maremágnum. Y cuando me desperté de aquello ya no quise saber nada de la música. Para mí fue un veneno. Pensaba que si Dios me había dado ese don, en realidad era una maldición. Si agarraba la guitarra me empezaba a acordar y me ponía a llorar. Mejor terminé la carrera y me mandaron al servicio social a un pueblito. Luego caí en Guanajuato. Ahí me encontré a Ramón Torres y nos pusimos de nuevo a tocar. Lo que se formó fue Argentum, grupo conocidísimo acá. Pero no grabamos nada, porque no querían tocar nada original. Se metieron a tocar al Castillo de Santa Cecilia, ¡pura música de elevador! Y ahí muere, yo quería tocar rock.

¿Y la banda Arcoiris?
Eso ya es otro capítulo, cerca de los 90. Fue un fenómeno curioso. El Abulón y el Canano (los otros dos integrantes) están locos. ¡No tienen vergüenza esos cabrones! Y eso ayuda mucho. Un día llegaron a mi casa porque necesitaban un guitarrista para un palomazo. Hubo mucha química desde el principio. En un ratito juntamos diez canciones. ¡Pero el palomazo era en el reclusorio oriente, en el D.F.! ¡Con el Tri! ¡Y me fui! Iban a tocar Dug Dug’s, Bátiz, el Tri, Toncho Pilatos. Fue como en el ’88. Lora era bien cuate conmigo, me decía “el Médico Loco.” Se sentaba a oírnos tocar. Fuimos los primeros, enfrente de mil cabrones. Nos fue excelente. ¡Nos aclamaban! Los de Toncho Pilatos no pudieron ni tocar, ¡venían hasta la madre de cruzados, no le atinaban ni a los botones! La raza los bajó. Y comenzó un aguacero de aquellos. El público pedía “a los de León” otra vez. Fue un exitazo.

Seguimos tocando en León. Pasamos de tocar para 80 personas a tocar para dos mil en salones, en la Feria, en el Lienzo Charro. Nos fuimos de gira con el Tri en siete u ocho ciudades, en avión y todo. ¡La gente ya no quería escuchar al Tri después de escucharnos a nosotros! Comenzamos a tocar I Got The Future.

Con Arcoiris me fui a todos lados también, no parábamos. ¡Era un grupazo! Para grabar esa canción me los llevé a Guadalajara. Llegamos tarde y el grabador era un irlandés, que estaba enfadado. Nos lo llevamos a la botana y a las dos horas ya lo teníamos feeling good. Llegamos al estudio y nos grabó, en caliente.

¿Entre los Free Minds y Arcoiris hubo más música?
Sí. Tengo un disco completo en español con material que grabé en esa época. Quedó muy bien. Pero es una grabación independiente. Y el problema aquí en México es simple: cuando un artista es independiente da miedo a las disqueras. Te quieren moldear. Aquí el problema es que los medios de comunicación están totalmente centralizados. ¡Y todos en el D.F.! Si no estás allí, no estás. Y, la verdad, yo tuve opción de entrar. Salí en Televisa. Tenía modo de entrar. Era amigo de Rafael Acosta. Pero yo vi que quedarse ahí era bajarse los calzones ante medio mundo y se me hizo un precio muy alto. Te tienes que vender. ¡Y dominado por Televisa! Orfeón es de Rogelio Azcárraga. Esos güeyes compran todo, no puedes hacer nada.

Los Free Minds son hoy más populares que en su época. Sí vendimos bastantes copias en el centro del país. Luego en 2007 sacaron el disco de Psychedelic Rock Mexican. Yo siento que el disco vende por los Free Minds.

Un día, jugando con la computadora, hace unos cuatro años, me encontré con los Free Minds. “¿Soy yo? ¡No mames!” Y sí, ahí estaban mis canciones. No la creía. Querían saber de mí y de los Free Minds. Ahí fue cuando me enteré de esas otras cuatro canciones que grabamos y que nunca salieron, hasta que las pusieron en esa recopilación. Lo escuché. Ahí me tienes llorando. Creían que éramos de Guadalajara porque, según me dijeron, “de aquí de León nunca ha salido nada.” ¡Aquí estamos, cómo no!

Pero mi disco en español también está bien, porque lo hice libre. Ese disco algún día será muy reconocido. Todas las canciones están bien padres. Lo hice con mucho trabajo y mucho amor.

En 1980 grabé un disco de cuatro canciones con Rafael Acosta, en un estudio que era de los hermanos Tena de Los Rebeldes del Rock. De Américo Tena, en realidad. Abajo del estudio tenía un depósito de guitarras. ¡Tenía todas las guitarras! Yo: “A ver, ¿una Falcon Gretsch?” Y él: “Aquí está.” ¡Con molduras de oro! Stratocaster, Jaguar, Telecaster, Les Paul de tres colores, de dos… Él creó un amplificador, el Tena, le compré uno. Y sonaban bonito. Una vez vino a León con Los Rebeldes del Rock, pero ya estaba todo deprimido. Había vendido todas sus guitarras y ya no quería ni platicar, andaba muy apagado. Tocaron muy bonito, eso sí, en un bar, no recuerdo cuál.

¿Por eso regresaron los Free Minds?
Yo estaba tocando sólo con mi computadora, pero me di cuenta que para tocar con la intensidad con la que tocaban los Free Minds, no se puede secuenciar en la máquina. Los solos de batería de Ernesto, por ejemplo; oyes Buscando Alrededor y lo que hace con la batería no se puede secuenciar. O Neurosis. ¡No se puede! Entonces necesitaba al mejor baterista de León y me recomendaron a Trino Rivera. Estaba tocando en el Gato Negro. ¡No mames! Pero me dijeron que tocaba lo que sea. Y dije: “Pinche hijo de Huitzilopochtli, ¿ese cabrón qué va a tocar?” Le puse canciones de Cream, de Zeppelin. Se las grabé. Tenía una batería bien ojete, horrible. Pero es buenísimo. Y su hermano es bajista. Eugenio. Así se formó el grupo. Empezamos a ensayar. Están por poner un nuevo club, exclusivísimo, para 130 personas. No es lo ideal para mí, pero en León ya no se organizan eventos masivos. Desde Arcoiris Band no ha pasado nada, nos pararon políticamente. Al Canano y al Abulón los agarraron. A mí también me mandaron a la Julia, pero no me pudieron hacer nada. Se me quitaron las ganas de tocar. Me amenazaron. Me recordaron que tenía familia. ¿Y qué hago? Era 1990. Estábamos tocando con el Tri en la Feria y llegaron como 200 cabrones uniformados, con metralletas, y pusieron a la gente contra la pared. Eran cuatro mil o cinco mil personas. Y yo pensé: “¿Esto es Iraq? ¿Es la China Comunista, Rusia? ¿Qué es esto?” ¡Una violación terrible a las garantías individuales! Y todo por un chavo al que le agarraron una bolsita de mota. ¿Y a los que la venden por kilos? ¡Nada! Era chingar porque veían la capacidad de convocatoria de los grupos. Yo agarré mi guitarra y la conecté y comencé a tocar. ¡Yo solo! ¡El Canano y al Abulón estaban escondidos! El público se zafó y se vino hacia el escenario y los soldados se vinieron contra mí. Se iba a armar un zafarrancho y, aunque yo quería ser un mártir del rock, me bajé. Un fotógrafo de un periódico empezó a tomar fotos y así le fue: le quitaron la cámara, la estrellaron contra el piso y lo agarraron a patadas. Me subieron en una Julia. De rato llegó una especie de general, muy uniformado, que me llamó aparte. Como se dieron cuenta de que era médico, relacionado socialmente, que la gente me quería… si me hacían algo no se la iban a acabar.

Mis músicos de ahora son buenísimos… ¡Trino Rivera no tenía batería! Al principio se la prestaban y luego fue comprando un tambor aquí, otro allá, en tiraderos. No gastó ni mil pesos. Eugenio el otro día llegó diciéndome: “¡Cabrón! ¡Me vendieron una guitarra eléctrica en 70 pesos!” ¿Cómo que en 70 pesos? “Sí, la agarré en un tiradero con un viejito.” Era una Yamaha Pacifica, estilo Stratocaster con doble handbacker en el cuello. ¡Estaba buenísima! Nomás falta que bajen de peso y se hagan una cirugía, porque están muy feos los cabrones. [Carcajada.] No, ya en serio, tienen una sensibilidad que nadie tiene para la música.

Continuará…

C/S.

-Esteban Cisneros

Fotografía de la entrevista: Rafael Cisneros

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