“No somos un grupo que el tiempo olvidó…” Una conversación con Jorge Aguilera, de los Free Minds. PARTE 3.

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por Esteban Cisneros

Publicada originalmente el El Heraldo de León el 19 de diciembre de 2014.

Si eres de León, tienes que saber de los Free Minds. Fueron el grupo local más exitoso de los años 70. Escribieron material original, tenían un sonido macizo y conocieron buena parte del país; no fueron gigantescos, pero debieron serlo. En eso están, en realidad. Jorge Aguilera, quien junto a Ernesto Ontiveros y Jesús Pérez “El Jali” formó este power-trio, no abandonó la música y, tras los Free Minds, fue parte de Arcoiris Band por varios años. En 1980 grabó un EP solista con cuatro canciones; en 1992 grabó un cassette (titulado Como Siempre) y en 2002 confeccionó un CD con 14 temas, todos suyos, regrabados en digital tocando él todos los instrumentos (aunque incluye tres pistas que grabó con la Arcoiris.) Escribió y autopublicó un libro de memorias y ha revivido a los Free Minds para seguir haciendo ruido, porque piedra que rueda no hace moho. Es decir, que hay Free Minds para rato y no sólo me refiero a sus grabaciones viejas (que siguen sonando en todo el mundo, literalmente) sino a lo que Jorge y su nueva sección rítmica, Trino y Eugenio Rivera, está preparando para el futuro. No se conforma con haber hecho Historia: quiere más y no le culpo. Que esta ciudad siga aletargada después de tantos años no se lo explica él y, francamente, yo tampoco. Ya estuvo bueno.

De esto y muchas otras cosas platiqué con Jorge; fue una charla larga y afectuosa con el tipo que pone voz y guitarra a esas canciones que escuché tantas veces antes. Esta es la tercera y última parte de la transcripción casi íntegra de esa conversación (las dos anteriores pueden leerse en http://www.latrampadelbulevar.wordpress.com.)

¿Hubo otros grupos en la época en León?
Hubo un grupo en los 80, Undersun, que tocaban bien. Aunque, según sé, nunca salieron de aquí. Pero pocos grupos han grabado en original, ni bonito ni bien hecho. Y no es que no haya talento. ¡Músicos hay y muy buenos! Pero se tienen que meter a tocar la cumbia o el punchis-punchis porque no hay forma de que la gente aquí aprecie a un artista original. Aquí no es fácil.

¿Qué fue de los otros Free Minds?
El Jali se fue a Sacramento, California. Tiene un mariachi. Le fue muy bien. A veces pienso: mejor agarro el guitarrón y me voy allá. Ernesto tiene una tiendita, Musicalísimo, enfrente del Teatro Doblado. Ya está todo panzón, pelón, neurótico, diabético (¡saludos, Ernesto! ¡Se te quiere!) Ya no quiere tocar. Estuvo muchos años tocando música comercial, pero ya no quiso saber nada. Tocaba diez horas la jornada, tarde y noche. Ahí le va bien, ya no quiere moverse. Sus hijos trabajan con él. Toño, que estuvo como seis meses, se recibió de arquitecto y es perito. Tiene un chorro de perros.

Ser artista es un lujo, más aquí en León. Hacer música original es un lujo y no debería de ser. Yo porque terminé mi carrera toco lo que quiero, si no es por la Medicina no tendría mi Les Paul ni mi Taylor 310-E. Cuando viví de la música no tenía nada.

El rock en México llama las clases altas y a los marginales. La clase media es corriente. Todavía es de José José y Luis Miguel, que no me dicen nada. Yo mil veces prefiero a Mick Jagger que a Luis Miguel con su voz tan hermosa. Pero su música no me dice nada.

¿Qué hace falta para que haya una escena musical en México?
Que México se descentralice. Necesita haber un terremoto inmenso y que todos los medios de comunicación se diversifiquen, porque están cerrados. Yo ya me cansé del D.F. ¡Que vengan a verme! Provincia también tiene cosas, no tantas, pero las tenemos. Son nuestras. Todo lo que vale la pena es underground. Los Free Minds son underground. Los encuentras más fácil en Asia, en Europa, en Estados Unidos, en Canadá. ¡Aquí no! En Holanda venden el Psychedelic Rock Mexican en tres lugares; en Francia, en España, en Alemania, en Japón. ¡En Japón! Y aquí en León no encuentras el disco. En Estados Unidos ni se diga, lo encuentras. ¡Lo venden en veintiocho países! Y técnicamente es un disco pirata, porque no me han pagado nada… ¡Y me hablaron que no puedo tocar esas canciones porque son de Orfeón! ¡Si son mías! ¿Me vas a demandar porque toco mi propia música? ¡Yo puedo tocar lo que yo quiera! Está registrada a mi nombre.

Por eso todo mundo está tan enojado. Todo el mundo se da cuenta que México es corrupto a todos los niveles.

¿A qué le atribuyes que haya una ola de revisión de la música de antes? ¿Realmente fue una época mejor?
La música no tiene tiempo ni edad. Mozart se murió hace 200 años, ¿y ya no es bueno? ¡Y lo enterraron en una tumba común porque no tuvo para pagar perpetuidad! No se murió en Guanajuato, si no lo tendrían ahí de momia. Su música es preciosa, increíblemente bella. ¿Y sólo porque ya es vieja? ¿Los Beatles, Elvis? ¡Eso no se va a acabar! La primera época de Elvis es magia. Ya después fue galán de la pantalla y valió madre. La música sigue avanzando y no para. Si comparas a los Free Minds con Arcoiris, se nota el cambio de tecnología, de habilidad, de mentalidad. Por fortuna ahora existe Internet y los artistas pueden conocerse. Antes si no era la tele o radio, no era nada. 

¿Cómo ves a León ahora? ¿Cómo ha cambiado?
La ciudad ha evolucionado tremendamente. Hay una estructura fregona. La ciudad está bien chingona. ¡Es una ciudad de casi dos millones de habitantes! Y se está viniendo un chorro de gente porque ven el clima, la ciudad bien organizada, la policía es perra y no se deja. ¡Pero dos millones y hay muy poquita música! Y acá se queman los lugares bien pronto. El chiste es hacer un lugar que quede un buen rato.

¿Has estado en otras ciudades, además de las que ya nos cuentas?
En 1986 fui a Estados Unidos, a Los Ángeles, al Musician’s Institute. Allá es otra dimensión. ¡Y no me quedé! Tenía asuntos pendientes acá, pero ni salvé nada. Al final valió madres. La misma directora me decía que me quedara, que sí la iba a hacer. ¡Hacían unos jam sessions los domingos…! Tenías clase toda la semana. ¡Qué bonito enseñan esos pinches gringos! Te llevan de la manita. Se hacían unas jam sessions tremendas. Un día me subí, porque casi nadie se animaba, y a un güey de Georgia se le ocurrió cantar un blues. Me subí y me eché la de La casa del sol naciente. ¡Los hice pedazos! Una chava de Philadelphia me insistía: “Don’t go, George! Don’t go!” Pero sólo fueron dos meses, hasta que se me acabó la lana. ¡Allá vi el Mundial que ganó Maradona! 

¿Qué artistas mexicanos te han impresionado?
Los mejores artistas mexicanos que yo he visto no los he visto ni en la televisión ni en la radio. Aquí es una desgracia, ¡me da un coraje ver eso! ¿Por qué a los verdaderos chingones no les dan su lugar? Me gustan, por ejemplo, Mexicanto, los Simon y Garfunkel mexicanos. En vivo son impresionantes. ¡Y a gente así nunca la oyes en el radio! Pero es que tampoco se dejan, esa gente también se rebela. Los quieren meter a base de no sé qué pedo. Vi una vez a Pepe Jara en San Luis tocando los boleros de Álvaro Carrillo. ¡Precioso! ¡Chingonazo! Era único. Y he visto gente que no sé ni cómo se llama. Un chavo una vez llegó a un bar de un árabe, por el malecón, con una guitarra acústica. A mí me sonó como un José Feliciano refinado. ¡Hijo de la…! Y le pregunté que por qué no grababa y me dijo: “Los buenos no podemos entrar, ahí puro pinche güey marioneta mediocre. A nosotros no nos pueden decir qué hagamos.” Qué desgracia. Y en los medios de comunicación ya está todo amafiado. Los que llegan alto no representan a los chavos. Los chavos gruesos quieren mejor a los Free Minds o a la Fachada de Piedra, que es el rock más libre que se hizo aquí en México. Los grupos nuevos, Zoé, pinche música tan lánguida. ¿Moderatto? ¡Ay, por favor! ¡Molotov! Y son los que trabajan, los que venden, quesque los buenos. Pero los chavos que saben no los quieren, los mandan a chingar a su madre.

Una vez también alternamos con los Spiders, que estaban pesados. Tocábamos Fresh Garbage de los Spirit de San Francisco, ¡prendimos a la raza más grueso que los Spiders! Y ellos tenían esa de Back.

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¿Qué piensas de movimientos como el punk de 1977?
Esa fue una rebelión tremenda. Pero si oyes a los Sex Pistols… ¡eran una verdadera basca! Ese tipo de cosas funcionaban en Inglaterra, pero aquí en México los hubieran colgado de los güevos. Si se ponen a cantar en esa época así contra el presidente, no duran. ¡Y aun así los mandaron a chingar a su madre! Les quitaron el contrato con A&M, les censuraron su sencillo y nomás duraron un disco. Pero, igual, yo soy de otra música. Yo soy más de Deep Purple, Jimi Hendrix, Cream (¡por supuesto!) ¡Y los Byrds! ¡Los que son buenos son buenos! Yo oigo también mucha música de boleros, música tan hermosa. Los Tres Ases, Vicente Garrido, los Panchos… No es rock, pero es romántico. Es bueno. Y a lo bueno no le puedes poner peros. Me encanta Benny Moré, porque era auténtico y original. ¡El cantante cubano más chingón de todos los tiempos! Hay muchas canciones de la Sonora Matancera que a mí me encantan… ¡Te prende! Tiene un feeling muy especial. ¡Y esas de Benny Moré con Pérez Prado! “Pachito Eché le dicen al señor…” A mí me gusta todo lo bonito, lo que tiene sentimiento. No tengo ningún gusto culpable. ¡Ramón Ayala, el viejo! ¡Ese le tupe sabroso! Eso sí, los que le copian tocan bien ojete. ¡Hasta en eso hay clase! Y qué decir de la salsa, bien sabrosa.

¿Qué conciertos a los que asististe recuerdas con mayor entusiasmo?
¡Vi a tantos! Yo viajé en un tiempo mucho a Los Ángeles, tenía un amigo ahí, un obrero que terminó por irle muy bien y puso su negocio de llantas. Ahí cada semana había algo. ¡Vi a los Ramones en el Palladium! Vi a Yes en el Forum, todavía con Rick Wakeman. Vi a Poco. A Santana, obviamente, lo vi en Berkley, aunque ya sin Gregg Rolie. Vi a Queen todavía con el Freddie Mercury con su traje de arlequín, bien guapo. Fantástico. Vi a Thin Lizzy, pero ese día salieron a tocar hasta la madre e hicieron puro pinche ruido, decían que tocaban nomás por la fiesta después del concierto. ¡Y a mí me encantaban! Pero tocaron horrible.

Tenía un amigo que vivía en Oceanside, ingeniero, que trabajaba para la NASA. Me llevó al Stardust a ver a unos tales Van Halen, nadie los conocía, pero se encabronó con el de la puerta y nos fuimos. Terminamos en el concierto de los Ramones. ¡Una canción era igual de la otra! El cantante estaba todo quemado de la cara y se lo tapaba con el pelo. ¡Pinches locos! Creo que me gustó más el grupo preliminar, Holly and the Italians, ¡una chava muy guapa! Y vi muchos grupos country, bien agradables, con sus pedal steel guitars.

¿Qué discos podrías nombrar como tus favoritos?
A mí los discos que más me impactaron al principio fueron el Elvis Golden Records y el Meet The Beatles. Y el Tea for the Tillerman de Cat Stevens y sus canciones artesanales. Admiro también mucho a James Taylor, que era mejor guitarrista y más refinado, pero Cat Stevens era mejor compositor. De Taylor el Sweet Baby James. Y hay que reconocer que los mejores rockeros latinoamericanos son argentinos. ¡No hay un grupo mexicano que se les arrime! Los Free Minds a lo mejor… [risas, sorbo al Torres, risas, sorbo al Torres, suspiro, más risas.]

¿Los Free Minds son para hoy?
La música que tocamos para los chavos en veneno puro. ¡Es para ellos! Si a los adultos les gusta, a los chavos les gusta más. Quedan pocos de aquella época: Ricardo Ochoa con su Náhuatl y Armando Nava y sus Dug Dug’s, aunque andan en California. ¡Es que les pagan en dólares!

Yo pude tocar hace unos años junto a Los Ovnis…
¡Los Ovnis! Esos fueron los primeros en hacer música psicodélica aquí en México. ¡Y todavía ahí andan!

¡Sonamos, pese a todo!
No somos un grupo que el tiempo olvidó. Estábamos postergados, nomás.

C/S.

Fotografía de la entrevista: Rafael Cisneros.
En ella, Jorge sostiene un disco de ¡Los Padrinos!

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