Romper todo y comenzar de nuevo

por Héctor Gómez Vargas*

“Estas vivencias individuales de la vida cotidiana separada carecen de acceso crítico a su propio pasado, que no se consigna en parte alguna. No se comunican. Permanecen incomprendidas y olvidadas en beneficio de la falsa memoria espectacular de lo no memorable.”
-Guy Debord, La sociedad del Espectáculo.

 

I

“Al principio el punk me pasó inadvertido casi por completo. Con trece años, casi catorce, de aquella época, mientras crecía en una ciudad residencial inglesa en la que no pasaba demasiado, solo tengo débiles reminiscencias de 1977.”
-Simon Reynolds, Pospunk. Romper todo y empezar de nuevo.

Cuando los Beatles sacaron el disco Sargento Pimienta, gran parte de sus fans quedaron sorprendidas y se sintieron incómodas porque no era la música con la que se habían identificado e involucrado. Pedían que dejaran de hacer canciones como Strawberry Fields, Lucy in the Sky with Diamonds o Within You Without You y que hicieran más canciones como Eleanor Rigby, Yesterday o We Can Work It Out. La aparición del Sargento Pimienta representaba para los Beatles, y para la cultura de la música rock en general, el ingreso a un momento irreversible, de cambio. Era un momento de tomar decisiones: se continuaba como se había hecho desde un principio y hasta donde diera o se abría una nueva brecha de desarrollo. El riesgo era que sus fans iniciales, aquellos que crecían conforme crecían los mismos Beatles, se sintieran traicionados, extrañados ante el cambio, y los abandonaran.

Todo indica que sucedió: muchos de los fans estaban dejando de ser adolescentes y en esos momentos el Sargento Pimienta marcaba el momento propicio para saltar por la borda y no continuar de manera cercana con la evolución musical de los Beatles; más bien permanecieron prendidos a ellos a través de una nostalgia instantánea, es decir, el pasado reciente de su música que era la que les había despertado algo en su interior, un pasado que se congelaba como en otros momentos había sucedido con la música de Elvis, Buddy Holly, Bill Haley y varios más. Otros de sus fans aceptaron el cambio y lo asumieron como parte de su nueva etapa de vida, una manera de dejar de ser niños y adolescentes, de comenzar a ser jóvenes dentro de un mundo con muchos cambios.

Hay quien dice, además, que ese momento marcó otro cambio importante: el grueso de los fans dejó de ser mujeres jóvenes, para incrementar el número de hombres jóvenes y esto lleva a considerar un fenómeno que llegaría a ser una pauta de la cultura masiva de esa época y de la cultura mediática en los tiempos recientes: la continua reinvención y renovación de los fans a lo largo del tiempo. Esto lo he visto en casos como los fans de Star Wars, Star Trek, Harry Potter, One Direction, Justin Bieber y otros más. Cuando apareció Sargento Pimienta emergieron nuevos fans: niños y adolescentes que en esos momentos comenzaban a prestar atención a lo que sucedía a su alrededor y que con la música del Sargento Pimienta encontraban algo que los involucraba, los emocionaba, les cargaba de sentido en su vida, jóvenes que vivieron el final de los sesenta, y al mismo tiempo que los Beatles se separaban, terminaba la era de la psicodelia y se iniciaba otra fase de la música del rock con el progresivo o el glam, entraban a la vida adulta.

Después de que separaron los Beatles muchas cosas sucedieron al mismo tiempo en la música rock; entre otras cosas, que muchos encontraron algo en la música de los Beatles y se hicieron fans de ellos cuando ya no eran parte de una formación musical, aunque seguían ahí, vivos y produciendo cada quien su música. Era un momento de expansión musical de la escena Beatle: recuperar un pasado casi inmediato pero que ya no existía ni existiría, seguirle la pista a lo que se estaba creando, de otra manera y en varios contextos muy diferente. Era un moverse entre la reminiscencia, el retorno, la nostalgia, el descubrimiento, lo incierto y la expectativa de lo que está por venir. Era el inicio de la era post–Beatles.

Fue el momento en que yo comencé a prestar atención a la música rock.

pepper

II

“Los historiadores de la música exaltan eso de haber estado en el lugar correcto en el momento justo, esos periodos y esos emplazamientos críticos en los que se gestan las revoluciones y los movimientos. Eso es complicado para aquellos de nosotros que estamos y/o estuvimos atrapados en los suburbios o en territorio provincial.”
-Simon Reynolds, Postpunk. Romper todo y empezar de nuevo.

Hay quien señala que la etapa comprendida entre 1971 y 1975 fue una de las menos interesantes para la industria de la música rock. La mejor prueba que se esboza es que fue el momento dominante la música progresiva, del glam rock y de un pop diluido y acaramelado, hasta que la música despertó de nuevo con los movimientos punk y disco. Algo estaba apareciendo pero simultáneamente algo estaba despareciendo, todo de manera vertiginosa y sin tregua, de una manera tal que era complicado seguirle el paso. Ese periodo es cuando dejé de ser niño, entré a la adolescencia y me interesó el rock.

De acuerdo con los historiadores de la música, mi experiencia no fue la mejor, porque no estuve en el momento ni el lugar adecuado por dos razones: primero, cuando me interesó el rock y me hice fan de los Beatles una vez que se habían separado, del rock progresivo y del glam rock, llegue en un momento que “institucionalmente” no fue interesante. Fue como sentirse huérfano de un movimiento generacional que se conmueve y se sabe parte de un cambio amplio y profundo; segundo, porque no estuve en los lugares donde sucedían o podían suceder las cosas importantes para la música rock. Mi lugar fue una ciudad de provincia que más bien se ocupó de que pasaran pocas cosas importantes a través de todo lo que provenía del rock.

El asunto es que la música fue importante para mí desde las condiciones anteriores y eso significó que el rock se hizo parte de mi vida, de mi experiencia conmigo mismo y con el mundo en general. Y el asunto es que veo que fue importante para mucha gente y no sólo como un ruido de fondo de su vida. El asunto es mayor y es significante porque, como diría Tania Mandoki sobre la “estésis” (no la estética)  fue una experiencia con cierta música que propició una experiencia sensible de apertura al mundo y por el cual uno se siente vivo e individual, por eso nos involucramos de manera cercana e intensa la música rock. Cuando esto deja de ser personal y se torna generacional y cultural, entonces estamos hablando que ha sido una de las maneras que se ha conformado al sujeto moderno y contemporáneo, la pauta para hacer vida social, habitar el ahora de la cultura, de acuerdo al momento y al contexto histórico, social y cultural.

El no haber estado en el lugar y en el momento adecuado, cuando se gestaron momentos importantes del rock significa, entre otras cosas, que una de las maneras para vincularse con aquello que en lo personal me involucró con la música es a través del recurso de la nostalgia. Pero no es, ni debe ser, la única, porque hay otras formas de acceder, como es el caso de la reflexión y la revisión crítica para poder entender qué me hizo el rock y qué hice yo con el rock, y tener más elementos para reflexionar sobre lo que ha sido después de más de cincuenta años en la vida de muchos, y de lo que está siendo con las nuevas generaciones. Es un tanto aquello que señala Simon Reynolds en la introducción de su libro, Postpunk, sobre una de las intenciones del por qué lo publicó:

Este libro es para, y sobre, aquellos que no estuvieron allí en el lugar correcto en el momento justo… pero que, no obstante, se negaron a creer que todo había terminado y que todo estaba terminando antes que pudiera sumarse.

Entender que no todo terminó porque no estuvimos en el lugar correcto ni el momento justo es parte de lo que toca hacer. Hay otras cosas que toca hacer y en ocasiones eso significa ampliar y diversificar las rutas de exploración, acercarse a otras narrativas, conceptos o ideas, puntos de vista, sensibilidades u objetos desde los cuales es posible acceder a otros mundos o universos simbólicos, afectivos, ideológicos, históricos, estéticos, porque la misma historia de nosotros mismos que nos hemos contado, o la que nos han contado de nuestra ciudad o del país y del mundo, parece no abarcarlo todo, hay algo ahí, flotando, una ausencia, una abertura a otros sentidos que nombren lo que ha permanecido en estado inconcluso. Y en ese impulso hay algo que romper y algo que crear, algo de esa actitud punk que señala Reynolds de, si es necesario, de romper todo y empezar de nuevo.

*Héctor Gómez Vargas (León, Guanajuato, 1959) es autor de libros sobre cultura popular y subculturas, la radio, la música y los fans en el siglo XXI. Es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Colima, investigador del SNI y académico en la Universidad Iberoamericana León.

 

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