Las imágenes del rock

por Pamela Xochiquetzal Ruiz Gutiérrez*

¿Qué hemos hecho con el rock?

Para responder a esta pregunta pretendo reflexionar sobre el carácter polisémico de las “imágenes del rock” y analizar el proceso de producción, distribución y significación por el que transitan, como un ejemplo del proceso que sigue el rock en sí como movimiento cultural, de la contra-cultura a la institucionalización.

El rock produce imágenes, ya sea en las portadas de los discos, fotografías de los artistas, flyers de conciertos y carteles promocionales. Estas imágenes se convierten en objetivaciones de una identidad que está relacionada con el rock y toda su estética. Como productos culturales, las “imágenes del rock” generan identidades y al mismo tiempo son producto de construcciones ideológicas, plásticas o identitarias, por mencionar algunas, que relacionamos con el rock. La imagen también se convierte en un registro del acontecimiento musical, de un acto efímero, por ejemplo las fotografías de un concierto; así la imagen se convierte en un fetiche, en aquel recuerdo de un momento fugaz.

El público que se identifica con esta estética se convierte en un target importante para la industria discográfica y cultural, dichas imágenes en mercancías, perdiendo el significado y sentido original de las mismas, pero manteniéndose como portadoras de un significado identitario y cultural.

Reflexionar sobre este tema busca comprender qué hemos hecho con el rock, así como con las formas de manifestación que de él derivan e inspira.

Imagen como representación identitaria
Mucho se ha reflexionado sobre la importancia de la imagen en nuestra cultura y época, inclusive algunos teóricos consideran que el siglo XX, y también el XXI, pueden ser considerados como “siglos de la imagen”, por la gran presencia de esta forma de expresión y representación en nuestra vida cotidiana, al grado de afirmar que la imagen “ha triunfado” por sobre cualquier otro medio de expresión.

Dominique Wolton afirma: “la imagen organiza los destinos, hace y deshace los poderes, extiende hasta el infinito las fronteras de lo imaginario y… amalgama definitivamente la realidad, la ficción y la virtualidad”[1]. Asimismo, estudiosos de la imagen han postulado la idea de que ésta supremacía se debe en gran medida al desarrollo y auge de los medios de comunicación audiovisual, que la han utilizado como medio principal para la transmisión de ideas, discursos, ideologías. Si partimos de esta postura podemos entender por qué las imágenes se han utilizado para reafirmar identidades culturales a lo largo de, por lo menos, los últimos 60 años.

A pesar de esto, no debemos olvidar que la imagen no es un objeto “en sí mismo”, sino que se significa al ser visto por el espectador y viceversa, es decir, el espectador se puede llegar a significar a sí mismo al estar en contacto con una imagen, es ahí cuando podemos decir que  la imagen se convierte en una representación identitaria.

El mismo Wolton menciona que “no hay imagen sin un imaginario”, es decir que el imaginario, aquella construcción de ideas, valores, normas, gustos, identidades, por mencionar algunos, es la que toma forma y se representa en imágenes. Como espectadores no enfrentamos ante la decisión de quererla o rechazarla, de apropiarnos de ella o no, y esto depende del grado de identificación que logremos conseguir con dicha imagen, con el grado en que nos sintamos representados en lo que vemos; esto determinará también si modificamos o no las imágenes que nos rodean.

Pero ¿qué hemos hecho con las imágenes del rock? , para explicar esto volveré brevemente al origen del rock entendiéndolo como una forma de manifestación cultural[2] que,  debido a los medios de comunicación masiva que se imponen durante la misma época en la que el rock aparece, durante los años de posguerra; va a utilizar sus mecanismos para hacerse presente en un contexto que, por primera vez, ofrecía un amplio abanico de posibilidades de producción e identificación cultural.elvis

El rock se creó una estética que fue de la mano con los discursos que defendía: la diferencia, la rebeldía, la oposición ante los valores de una generación que eran opuestos a los del nuevo sector social, la juventud. Es en este momento cuanto rock y juventud, hicieron una mancuerna indivisible[3], donde era importante representarse como diferentes a la norma; las formas de vida, vestimentas, la música misma y claro, las imágenes que de aquí se producían, debían manifestar esta ideología e identidad.

Las imágenes del rock se convierten entonces en una forma de representar y representarnos desde el rock mismo. Podemos tomar como punto de partida aquellos primeros carteles donde se anunciaban los próximos conciertos, la tipografía era, y es, un elemento primordial para apelar a la empatía del público al que va dirigida, pero me parece que el elemento que podía causar mayor impacto era la fotografía de los músicos, que con sus peinados, vestimenta y actitudes, propiciaron la identificación con el público, con un discurso “soy como ustedes y ustedes quieren ser como yo”.

chuckLa identidad “rock” como mercancía
Indudablemente los medios de comunicación tienen un papel fundamental en la necesidad de crear imágenes del rock, y al mismo tiempo en el proceso que lleva a estas imágenes a convertirse en objetos de culto y fetiche para algunos entusiastas del tema y coleccionistas, y por lo tanto en mercancías relacionadas con una identidad. Con la innovación tecnológica, la capacidad de producir un mayor “tiraje” de discos y la facilidad para llevarlos a más lugares, contribuyó a la popularización de la música y a la necesidad de crear otros dispositivos que reafirmaran al rock como un movimiento cultural, como una forma de vida y como una identidad, ahí aparece nuevamente la imagen.

Las portadas de los discos fueron el primer soporte, incluso podemos decir que muchas de ellas se han convertido en íconos, no solo para el rock, sino para la cultura contemporánea, y basta con mencionar algunos ejemplos.

Paul Simonon golpeando su bajo contra el escenario, elegida como la mejor fotografía de la historia del rock por la Revista Q, y portada del también emblemático London Calling; que en palabras del director de dicha revista, “una foto clásica porque capta el momento más culminante del rock and roll, la pérdida total de control”.

clash

El segundo lugar de la encuesta realizada por la misma revista colocó a la fotografía de Terry O’Neill sobre David Bowie en su etapa de Diamond Dogs.

Y claro no podemos dejar de lado la portada del Aladdin Sane, cuyo impacto en la cultura contemporánea podría ser medido en relación al número de apropiaciones y tergiversaciones que se han hecho al respecto, las cuales a su vez, son una forma de identificación con el concepto, forma de vida y cultura que representa David Bowie como músico y como personaje del rock.

bowie aladdin

Con este tipo de significación de las imágenes ocurre un fenómeno social interesante: movimiento cultural-representación plástica-movimiento cultural; es decir, un movimiento cultural genera formas de expresión plásticas las cuales modifican (en su estética, discursos o alcances) al movimiento cultural original. Las imágenes del rock producen nuevas formas de consumo, una nueva cultura musical, que a su vez generan nuevos gustos musicales y nuevas divisiones sociales, es decir, identidades.

La forma de recepción del rock va más allá de lo meramente musical y se relaciona con la esfera de lo visual, como un vehículo de comunicación que proporciona visibilidad, pero también un beneficio económico. La industria cultural y discográfica emplea estos instrumentos de promoción para la introducción en el mercado, no solo de la música, sino de las imágenes que materializan sus ideales. Por lo tanto y aunque no es una regla, las imágenes del rock se convierten en un mecanismo de institucionalización, ya que responden a discursos e identidades generadas por la misma Industria Cultural[4], donde a través de “formulas” predeterminadas, produce imágenes que tienen como finalidad convertirse en mercancías para el grupo social que se identifica con los discursos del rock. Los signos y símbolos que hagan referencia a la rebeldía, el desafío  a la autoridad, romper las reglas, son los utilizados para llegar al público, sin que esto implique una empatía o identificación con dichos conceptos.

Todo esto no pretende dar un panorama pesimista para una manifestación originalmente contracultural, más bien propone un enfoque crítico para analizar a la imagen más allá de si simple visualidad, y profundizar en el contexto, discurso y significación que le dio origen, para lograr una interpretación más amplia, no solo de la imagen en sí, sino del rock como generador de imágenes. Así mismo podremos entender otro aspecto que nos lleva a identificarnos con este movimiento cultural y género musical. Al contemplar, coleccionar, atesorar las imágenes del rock nos estamos viendo a nosotros mismos, como somos, como fuimos y como nos gustaría ser.

[1] Dominique Worton, “Imagen, imagen, cuando nos atrapas…” en Espacios públicos en imágenes España, Gedisa, 1997, pág. 9

[2] No entro en la discusión “cultura-contracultura”, ya que a fin de cuentas ambas atañen al mismo campo, con la diferencia de que la primera es la que se ha acatado a la norma y la segunda es la que busca transgredirla o extender sus límites.

[3] Es importante mencionar que actualmente esa “juventud” no se relaciona con la edad, sino con los valores de este nuevo grupo social que aparece en la década de los 50, ya que anteriormente se pasaba de la niñez a la adultez, con una forma de vida predeterminada. La crisis de la posguerra llevó a cuestionar y negar esa forma de vida, la “juventud” se entiende entonces como ese periodo de experimentación y búsqueda de una manera y valores propios, individuales.

[4] Concepto abordado en la Crítica a la Ilustración de Theodor Adorno y Max Horkheimer.

Bibliografía
* Adorno, Theodore y Max Horkheimer. “La industria cultural”, en Dialéctica de la Ilustración, Madrid, Akal, 2007 (primera ed. Amsterdam 1947.)
* Belting, Hans. Antropología de la imagen, Buenos Aires, Katz, 2007.
* Hebdige, Dick. El significado del estilo, Barcelona, PAIDOS, 2004.
* Veyrat – Masson, Isabel (comp). Espacios públicos en imágenes, Gedisa, España, 1997.

*Pamela Ruiz (Atizapán, Estado de México) es historiadora del arte por la UNAM, coleccionista de imágenes, extranjera en su propio tiempo y viajera introspectiva del lado oscuro de la luna. Vive y trabaja en la Ciudad de México, donde estudia el doctorado en Ciencias y Artes para el Diseño.

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