¡Judas!

por Alejandro Cisneros*

Hace años, cuando Zimmerman era un símbolo del movimiento folk y su armónica y guitarra acústica eran su única compañía, se presentó a tocar en Free Trade Hall de la ciudad de Manchester. Algo diferente traía en sus manos: era una guitarra eléctrica y también una banda detrás.  De entre la multitud, aún antes de comenzar, salió una voz que le gritó “Judas”, a lo que sin darle mayor importancia Dylan respondió con su ironía característica: “No te creo.” Y empezaron los acordes de “Like a Rolling Stone.”

Hoy, 50 años después, al contemplar el suceso, es cuando podemos ver un parteaguas en la música rock. Algunos dicen que fue el día que se electrificó la música, otros que las canciones se volvieron más “cerebrales”, pero el hecho es que solo veíamos el principio de una de los tantas reinvenciones que nos ha brindado Dylan, ese personaje que no se pudo contar con un solo actor en la biopic I’m not there de 2007.

judas

Hoy el grito de Judas que he escuchado de entre la multitud proviene de críticos, articulistas, escritores y público en general y esta vez no es para él, sino para la Real Academia Sueca de Ciencias. El gran público ve en su mayoría un cantante de rock -si lo permite el género- pero es más que eso. Dylan ha acercado la poesía a las masas con su métrica, su forma de contarnos una historia con esa voz nasal que algunas veces resulta monótona, con esos acordes melancólicos; no es un hombre de riffs, por eso al escucharlo en concierto resulta complicado para los oídos no entrenados en su música reconocer algunas canciones. Nunca canta una igual.

No se premian sus libros, no se premia su música, se premia al poeta moderno que no necesita la letra impresa para cautivarnos, para transportarnos a los lugares más inverosímiles; la RAE define poesía como una manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa y su obra cumple con esta definición.

Nuevamente, Dylan se ha sentado a fumar ese porro con nosotros como lo hiciera algunas vez con los Beatles y nos ha hecho ver que el ritmo de la música no es lo más importante: el contenido, el mensaje y el discurso con el que pretendemos llegar al público es lo principal. Hoy los cantautores y letristas tienen nuevamente un gran reto, el de mostrar contenido, no solo melodías y grandes riffs. Los Beatles lo entendieron perfectamente y sus posteriores propuestas incluyeron letras con gran mensaje y crítica social.

Solo nos queda celebrar la diversidad y el alcance de este premio y posiblemente 50 años después analizarlo y contemplar la obra de uno de los cantautores más influyentes de la música moderna. Y a los recalcitrantes, tal vez, decirles como hizo Dylan ante ese grito que lo acusaba de traición, al que le agregó un addendum: “You’re a liar!

*Alejandro Cisneros es músico, estudioso del rock, obseso de las Harley-Davidson y coleccionista de guitarras. 

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